Revolución en el agro

Por Monsanto Argentina

El término Revolución verde fue utilizado por primera vez entre 1960 y 1980 para referirse al incremento de la productividad del campo gracias al empleo de nuevas técnicas, herramientas y avances científicos. Comenzó en EEUU, pero rápidamente se extendió por el resto del mundo. Tuvo efectos principalmente sobre los cultivos de arroz, trigo y maíz; estos se volvieron más resistentes al clima, las plagas y las enfermedades, alcanzando altos rendimientos. En aquel momento, el crecimiento poblacional era una alerta en relación a la cantidad de alimentos que se producían y era necesario tomar medidas a nivel mundial para revertir la situación.

El uso de distintas tecnologías y productos como fertilizantes, plaguicidas, diversas técnicas de riego o siembra, colaboraron con el alto rendimiento de estas nuevas variedades de cultivos. La Revolución verde que comenzó hace aproximadamente 50 años, aún sigue vigente: desde entonces la productividad de los principales cereales que se consumen en el mundo ha aumentado gracias a la incorporación de progresos científicos al mejoramiento genético por cruzamiento de variedades, junto con tecnologías que permitieron aprovechar al máximo el potencial de los cultivos y los recursos disponibles.

Pero eso no es todo: los progresos científicos se vieron favorecidos por el crecimiento de los sectores comerciales que suministran insumos a la agricultura; la infraestructura del campo ha mejorado y llegado a pequeños y grandes productores que antes permanecían al margen de las innovaciones tecnológicas; mientras que las nuevas prácticas lograron hacer un mejor uso de los recursos para conservarlos.

Desde su origen hasta la actualidad, la Revolución verde fue evolucionando e incorporando las más altas y avanzadas tecnologías: desde Big Data, sensores y robots para analizar los posibles escenarios, la siembra directa o labranza cero para cuidar el suelo, hasta tractores de última generación que permiten mejorar el rendimiento tanto en la siembra como en la cosecha. Hoy, con la Agricultura Moderna, este movimiento que empezó hace 50 años, cobra aún más fuerza y reafirma el compromiso de alimentar al mundo que crece cuidando los recursos.

La Revolución verde nos ha permitido comprender, además, que los avances científicos por sí solos no pueden resolver los problemas a los que nos enfrentamos a la hora de producir los alimentos. Se torna necesario contar con una estructura financiera y crediticia que permita a las empresas del rubro invertir en Investigación y Desarrollo (I + D); con Estados que garanticen el marco legal y regulatorio de cada progreso y que acompañen estos nuevos rumbos con políticas puntuales; y con la presencia de organizaciones nacionales e internacionales que colaboren con la integración de todos estos esfuerzos a nivel global, para que todos podamos encaminar nuestros esfuerzos en la misma dirección.

Hoy, esta revolución tiene un objetivo claro: el crecimiento demográfico no cesa y el mundo necesita más alimentos. Por esto la agricultura precisa reducir el desperdicio, combatir el cambio climático que arruinan las producciones, mejorar los rendimientos y cuidar aún más los recursos.

Con este foco claro, Monsanto, como empresa dedicada a proveer soluciones a los productores, invierte muchos recursos en I + D porque este es el área que permite innovar; y con la innovación viene el progreso, las mejores prácticas y la más alta eficiencia. Las semillas mejoradas, los productos para proteger los cultivos, las plataformas como Prescripciones o Cultivio, son todas maneras de mejorar la calidad y cantidad de nuestros alimentos.

La Revolución verde que comenzó en la década del ´60 aún hoy tiene plena vigencia; y todos nosotros como sociedad, tenemos que formar parte de este movimiento.
 

FUENTES:
FAO, Enseñanzas de la revolución verde: hacia una nueva revolución verde
AG BIOWORLD, The Green Revolution: Accomplishments and Apprehensions

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