¿Por qué la buena ciencia no es suficiente?

Por Robb Fraley

Director de Tecnología de Monsanto Company

Desde chico, siendo un niño que crecía en un campo en Illinois, sabía que quería ser un científico. Tenía una curiosidad innata por las cosas vivas, y quería ayudar a la gente como mi papá a hacer que su trabajo sea mejor.
Estudié microbiología y bioquímica en la Universidad. Esto me permitió entender la magnitud y complejidad que rodea los sistemas de producción de alimentos. Me di cuenta de que alimentar a una población que crece rápidamente y mejorar la sustentabilidad de la agricultura iba a ser un importante desafío para los próximas generaciones… simplemente no podemos cultivar en el 2050 de la misma manera en que lo hacíamos en 1970, que fue cuando me fui del campo de mi papá. Esta visión me inspiró para mejorar la agricultura y la producción de alimentos como un camino para mi vida laboral. Los dos años de post-doctorado en la Universidad de California en San Francisco, que en ese momento estaba surgiendo como el epicentro de la industria de la biotecnología, me dieron las nuevas herramientas para lograr esto.
Cuando en 1981 me contrataron en Monsanto – una compañía que estaba buscando ubicarse como líder en investigación agrícola – yo estaba muy entusiasmado. Sentí que era una oportunidad soñada: poder trabajar con un gran equipo de científicos en algunos de los desafíos más importantes para la agricultura. Tengo que admitir que me desilusioné un poco cuando me enteré de que iba a tener que poner todo mi conocimiento recién adquirido en…la petunia. Después de todo, aunque hay muchas cosas admirables acerca de las petunias, en realidad nadie las come.
Pero la petunia resultó ser la planta ideal para esta investigación pionera – para desarrollar una técnica científica y lograr que las plantas sean más abundantes y resistentes a las plagas. Y pronto probamos que podíamos hacerlo. Para 1983 habíamos desarrollado la primera planta genéticamente modificada…. ¡Una petunia modificada!
Sabíamos que este era un avance importantísimo. Desde los comienzos de la agricultura hace 10.000 años, los cazadores-recolectores, los productores y los reproductores de plantas han mejorado los cultivos seleccionando minuciosamente las mejores plantas sin saber en realidad los cambios genéticos exactos que estaban involucrados en este proceso. Nuestro hallazgo hizo que sean posibles las mejoras genéticas precisas y nos demostró que tenemos la capacidad de desarrollar todo tipo de soluciones muy necesarias: cultivos que pudiesen producir más alimentos con la misma cantidad de tierra y con un uso más eficiente del agua, al mismo tiempo que se reduce el consumo de combustible y otros recursos.
También nos dimos cuenta de que la gente tendría preguntas sobre estas plantas, especialmente acerca de cuan seguras son para ser comidas y para el medio ambiente. Pero creímos que una vez que los organismos de salud y medio ambiente del gobierno las aprobase y que los organismos científicos de terceros independientes las analizasen y compartiesen sus hallazgos, la gente los aceptaría como las nuevas posibilidades que estas ofrecían para solucionar algunos de los desafíos más grandes en alimentación que tiene el mundo.
Cómodos con la idea de que la evidencia científica hablaría por sí misma, enfocamos nuestra atención y nuestros esfuerzos de comunicación en nuestros clientes: los productores que nos buscaban para que los ayudemos a resolver sus desafíos.
¡Wow…cómo nos equivocamos!
Resulta que tener el aval de la comunidad científica era sólo el comienzo. Mientras estábamos enfocados en los productores, los opositores en ciencia agrícola se hicieron mas presentes en su crítica a los OGM y lograron crear la impresión de una ciencia no probada que estaba siendo impuesta a los productores adictos a la tecnología por poderosos intereses corporativos. Estas impresiones empezaron a dar forma a actitudes y a influir en las políticas regulatorias… hasta el punto de que hoy nuevas soluciones de semillas se demoran o se excluyen del mercado en algunos países. Este fue un motivo de preocupación -no sólo para nosotros, sino para toda la industria alimentaria y los miles de millones de personas en todo el mundo que se benefician con los avances de la ciencia agrícola.
El año pasado, me di cuenta de que Monsanto tenía que hacer un cambio. “Esto no está funcionando”, les dije a mis colegas. Ninguno se opuso. Todos se dieron cuenta de que necesitábamos abrirnos, hacer participar directamente a la gente y contar nuestra historia al público en general.
Hoy en día, estamos en medio de un punto de inflexión muy importante: ya no le estamos hablando sólo a los productores. Queremos comunicarnos abiertamente con la sociedad. Sé que no vamos a convencer a todos, pero creo que entre nosotros y muchos de los que nos critican hay un terreno común considerable. De hecho, creo que todos queremos alimentos seguros y accesibles para todos. Todos queremos que los sistemas de producción agrícola y de alimentos sustentables preserven y mejoren nuestro medio ambiente.
Sabemos que la solución de los problemas alimentarios del mundo requiere de diversas perspectivas y de la ayuda de muchos. La colaboración es esencial… nadie puede hacerlo solo. He aprendido de la manera dura: la buena colaboración y la buena comunicación son tan importantes como la buena ciencia. Pero soy optimista, con las herramientas y las políticas adecuadas sumado a una meta en común, podemos lograr juntos la seguridad alimentaria de manera sustentable.

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