Del campo a la mesa 

Por Monsanto Argentina

Antes de llegar a tu mesa, los vegetales pasan por proceso de siembra, crecimiento y cosecha. Conocé cómo se protegen en cada estadio.

 ¿Alguna vez te preguntaste de donde sale lo que comes en casa? Cuando vas al súper o a la verdulería, podés encontrar gran variedad de frutas y verduras listas para utilizarlas (obvio, ¡luego de lavarlas!) pero éstas no llegan por casualidad a la góndola, sino que son producidas por distintas personas en diferentes lugares de nuestro país.

Del campo a la mesa

La protección de los cultivos

En la protección de cualquier alimento se utilizan técnicas de protección de cultivos, que sirven para evitar que las plantas sufran enfermedades o sean atacadas por insectos. Los productos químicos que ayudan al productor a realizar esta tarea, son aprobados previamente por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) y en los últimos años han sido fundamentales para aumentar la productividad de las cosechas.

Para cada uno de estos productos que protegen los cultivos, existe una serie de parámetros de seguridad que se encuentran en las etiquetas y deben ser respetados. Uno de ellos es el “período de carencia”, que es el tiempo que tiene que pasar entre la aplicación de la sustancia y la cosecha, para el posterior consumo. ¿Para qué existe este tiempo? Bueno, transcurridos esos días, el producto aplicado se degrada y se asegura que no hayan quedado residuos tóxicos sobre el cultivo.

Para que todos estemos tranquilos, SENASA realiza ensayos y evaluaciones exhaustivas que garantizan la seguridad de cada producto para la protección de cultivos. Es decir, que no causan problemas en la salud humana y que los alimentos no tienen restos tóxicos. Cada una de las frutas y verduras que se comercializan en el Mercado Central de Buenos Aires, por ejemplo, pasan por pruebas de laboratorio para que se respeten estas regulaciones.

Los “Límites de Máximos de Residuos (LMR)” son los residuos máximos de productos para la protección de cultivos que se permite por ley – y que no afectan a la salud humana-. SENASA realiza pruebas de laboratorio en la cadena de producción para asegurar que estos límites sean respetados.

¿Y cómo saben si estos límites son seguros? Para establecer los parámetros de los LMR se estudian tres aspectos: la práctica agrícola mediante la cual se emplea el producto, la toxicidad del mismo y la ingesta. En este último punto, existen análisis bioquímicos que muestran cómo se absorbe el producto, cómo se distribuye en el cuerpo, en qué momento se elimina, así como los efectos que podría causar en el organismo.

Para que el resultado sea confiable, debe cumplir con ciertas normas establecidas a nivel nacional e internacional y no representar riesgos para la salud ni el medio ambiente.

¿Y las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA)?

Las BPA son una clave fundamental. Desde la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) se realizan capacitaciones para que durante toda la cadena se emplee un manejo responsable de cada una de las técnicas de protección de los cultivos, y se garantice que no produzcan ningún daño en la salud humana ni en el medio ambiente.

Por ejemplo, cuándo se utilizan fitosanitarios, existe toda una serie de pasos a seguir. Desde el momento de la elección y compra, en donde un ingeniero agrónomo debe recetar el tipo de producto necesario y la compra debe realizarse en un establecimiento autorizado que cumpla con todas las normas de seguridad; pasando por el almacenamiento, en un depósito con determinadas características; la aplicación, que requiere no solo el aviso previo a autoridades locales cercanas al lugar sino también del uso de un equipo de protección personal; hasta la limpieza correcta de todos los elementos utilizados.

Además, desde que se planta una semilla hasta que ella da su fruto, transcurre un tiempo en el que el productor debe cuidar y proteger al cultivo de todos los desafíos a los que se enfrenta como las enfermedades, o la competencia con las malezas por los nutrientes del suelo y el agua. Y para esto cuenta con herramientas, como los fitosanitarios, que sirven para mejorar y volver más eficientes sus prácticas.

Todos somos responsables

Es importante consumir frutas y verduras, porque aportan muchos nutrientes necesarios para mantenernos saludables y crecer fuertes. Pero también es necesaria tanto la protección de los cultivos y el almacenado correcto de los alimentos por parte de los comerciantes, como que todos respetemos las cadenas de frío, que lavemos las verduras antes de consumirlas y aprovechar la mayor parte del alimento para desechar lo menos posible.

Cerca o no del campo, todos debemos comprometernos con el cuidado responsable del alimento, en cada etapa, para que sea saludable y seguro. Desde el campo hasta la cuidad. Desde la tierra hasta la mesa.

Fuente: CASAFE (www.casafe.org) SENASA (www.senasa.gov.ar.)

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